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Retorno a las aulas

Por Alfonso Algora

Hasta ahora hemos analizado varios de los aspectos previos necesarios a afrontar una desescalada en las medidas excepcionales que se han implementado por la aparición del Covid-19. Ha llegado el momento de estudiar quiénes y cómo regresarán. Es normal que las autoridades nos ofrezcan la primera respuesta, aunque en algunos países las legislaciones son más laxas y únicamente disponen una cantidad porcentual general de alumnos, dando libertad al centro para organizarse internamente.

De lo anteriormente expuesto es natural pensar de forma automática que si, por ejemplo, la norma indica que el colegio tenga 50% de alumnos, esta cifra corresponda a la capacidad diaria total de todos los alumnos del centro. Obviamente es una opción, pero no la única. A continuación se explicarán algunos aspectos que pueden ser tenidos en cuenta si el colegio cuenta con cierta autonomía.

La división del centro educativo en ciclos o niveles es una ventaja, ya que crea unos espacios sobre los que trabajar —en España, por ejemplo, se divide en preescolar, infantil, secundaria y bachillerato—, cada uno de ellos con sus particularidades de servicio, necesidades familiares y de alumnos, requerimientos de profesorado, etcétera.

Atendiendo a la estructura de las familias, hipotéticamente cuanta menor edad tengan los alumnos más renuentes serán los padres a la hora de enviarlos a un entorno presencial, aunque ese deseo de no mandarlos puede chocar con el hecho de que sean ambos trabajadores y de que su incorporación física a sus espacios de trabajo impida dejar a sus hijos solos en casa.

Igualmente es preciso que también las familias comprendan que una parte muy importante de la educación en edades tempranas está relacionada con la sociabilidad y adquisición de hábitos. Es por ello que con los niveles iniciales se sea especialmente cauto, se extremen aún más las medidas de bioseguridad y, además, se desarrolle una labor constante de información y tranquilidad hacia las familias. También es importante tener en cuenta que en esos niveles inferiores los padres y madres interactúan más entre ellos, pudiendo provocar deserciones masivas, intercambio de información errónea, etcétera.

En el caso de los alumnos mayores, por el contrario, no habría mayor problema en dejarlos solos en la casa mientras los progenitores trabajan en sus respectivos centros, además de que son más hábiles al usar las tecnologías y más independientes en sus hábitos.

Por tanto es perfectamente posible, de ser permitido, que puedan ir todos los alumnos de preescolar y primaria, habilitando aulas de cursos superiores para garantizar la distancia social, y habilitar un sistema mixto que pueda dar enseñanza presencial en determinados días de la semana a esos ciclos, dejándose otros días para la enseñanza virtual, que aprovecharían los alumnos de grados superiores para asistir al colegio.

Por poner un ejemplo real, preescolar y primaria podrían ir cuatro días presenciales y tener una jornada virtual, mientras que secundaria y bachillerato podrían aprovechar esa fecha virtual de los ciclos inferiores para asistir al centro y poder despejar dudas con profesores, pudiendo los cuatro días restantes seguir recibiendo clases virtuales.

Como se explica en la sección relativa al transporte escolar, es igualmente determinante establecer una optimización de rutas escolares, de forma que sigan siendo rentables o al menos que no impliquen pérdidas, creándose las rutas más operativas que puedan dar el mejor servicio al mayor número de estudiantes, mientras se mantienen los requerimientos de separación física.

También es importante, de ser posible y tener esa autonomía, saber que las jornadas del colegio no tienen que ser completas y que a partir de ahí se pueden crear un sinnúmero de combinaciones en la asistencia y escalamiento en entradas y salidas.

Finalmente, y aunque se desarrollará en el epígrafe correspondiente al currículo y la evaluación, tener en mente que no todas las asignaturas se podrán impartir de manera presencial, ya sea por imposibilidad o conveniencia, lo cual dejará espacios libres que podrán ser usados para refuerzos de otras materias, espacios de adecuación, etc., que en definitiva podrán facilitar al equipo directivo para el estudio y racionalización de las instalaciones.

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